El 22 de abril de 2026, la Corte Suprema suspendió por un mes a una abogada y le aplicó una multa de 5 UTM. El motivo: presentó un recurso con dos citas atribuidas a un profesor real, Jean Pierre Matus, sacadas de un libro que nunca existió, "Responsabilidad Civil y Consumo, 2021". Sumó una tercera cita del profesor Juan Andrés Orrego Acuña, tomada de un supuesto "Tratado de Protección al Consumidor, 2023" que tampoco existe.
Las tres las generó una IA. Ninguna las detectó la abogada antes de firmar el escrito. Las detectó la contraparte.
La defensa alegó "error involuntario". La Corte lo rechazó y aplicó las facultades disciplinarias de los artículos 531 y 542 del Código Orgánico de Tribunales.
No es un caso aislado ni exclusivamente chileno. Un registro internacional que sigue estos casos, a cargo del investigador Damien Charlotin, de HEC Paris, llevaba 1.868 casos documentados al 8 de agosto de 2026, con un ritmo de crecimiento de unos 8 casos nuevos por día. Chile ya tiene al menos uno.
Por qué "lo reviso yo mismo" no alcanza
El reflejo natural es pensar que basta con leer la respuesta antes de usarla. El problema es que una cita inventada no se ve como un error: se ve como una cita real. Trae nombre de autor de verdad, formato de libro real, año plausible. En el caso chileno, dos de las tres citas usaban el nombre de un profesor efectivamente reconocido en la materia, lo que las hace más creíbles, no menos.
Revisar a simple vista funciona para detectar un error obvio. No funciona para detectar un dato construido específicamente para parecer correcto.
Qué sí funciona
Pedir siempre la fuente exacta, no el resumen. Si la IA no puede mostrar el documento del que sacó la cita, con enlace o referencia verificable, esa cita no está lista para un escrito.
Verificar en la fuente original, no en la respuesta de la IA. Que la IA "confirme" su propia cita cuando se le pregunta de nuevo no prueba nada: puede repetir el mismo error con total seguridad.
Desconfiar más, no menos, cuando la cita suena perfecta. Un dato que encaja demasiado bien con lo que se buscaba merece la misma revisión que uno dudoso.
El problema de fondo
Estos hábitos no dependen de una herramienta en particular, cualquier abogado puede aplicarlos con cualquier IA. Lo que cambia es cuánto cuesta aplicarlos: si cada cita trae su fuente original a un clic de distancia, verificar toma segundos. Si hay que salir a buscarla aparte, la mayoría no lo hace. Ahí es donde ocurre el próximo caso de la lista.
Ulpianus muestra la fuente original de cada cita que entrega, ley, fallo o dictamen, para verificarla antes de usarla en un escrito.
Fuentes: comunicado oficial del Poder Judicial · registro de casos de IA en tribunales (Damien Charlotin, HEC Paris)
